martes, 4 de junio de 2013

CARCAJADAS



                                                           



Precisamente después de un ataque de risa de esos que duran media hora y que sólo ver al otro reírse hace que la risa continúe, como por contagio. 
Como digo después, una vez recuperamos el control, Valentín se puso muy serio y me dijo: Roberto, sabes, me gustan las carcajadas, esas carcajadas desgarradoras, esas que duelen. Y a veces pienso que me gustaría ser una carcajada, poder vender carcajadas o guardarme unas carcajadas para otro momento. También me gustaría soñar con carcajadas y nunca he soñado con ellas. Me gusta mearme encima a carcajadas y no me fío de quien no se haya meado nunca  encima en su vida a carcajadas. Tampoco me fío de algunas carcajadas, y sé, sin saber porqué, si la carcajada es sincera. Pero Roberto,  por norma, me cae bien la gente que se ríe a carcajadas y me ha gustado el ataque de risa de antes, me gustan los ataques de risa, ataques de risa a traición, que te hagan llorar.

viernes, 17 de mayo de 2013

SORPRESA FATAL



                                               



- ¿De verdad crees que me asustas?

- ¿Piensas que mi rictus tenso y  ligeramente desencajado, mi forma de sudar profusamente, el temblor de mis manos y de mis piernas y mi respiración jadeante, indican miedo?

Pues te equivocas, como bien muestran mis manos ensangrentadas.
 
También pueden indicar IRA.

martes, 30 de abril de 2013

EL ESPIRITU DEL RIO




                       
 

Me gustaría comparar
Mis sueños con los de los demás.
Me gustaría comparar
Para saber si soy preciso al recordar.
Me gustaría comparar
Tan solo por experimentar 
Que se siente al soñar
Todos juntos a la par.

Recuerdo recordado, recuerdos del pasado
No sé si es bueno o es malo, no sé si me interesa
Solo sé que de vez en cuando me siento emocionado
Entonces me elevo al cielo y vuelvo la vista ociosa.    

Que puede haber de malo en soñar
Si la mente que es cabal y poderosa
A lo largo de la vida de vez en cuando con ello reposa
Y hasta incomoda el despertar

Me envuelven recuerdos y sueños
Sueño con  entrañables  recuerdos del pasado
Que más da, con unos y otros  yo me empeño
En no dejar escapar  lo transitado

Y casi sin darme cuenta de mi estado de consciencia
Me invade en este preciso momento su espesa bruma
Y me planteo exponer sin abusar de la paciencia
Un  recuerdo,  un sentimiento, una época esquiva.



   Hubo una época en que los niños a los 13 0 14 años todavía jugaban en la calle, en que se inventaban juegos, en que los juegos tenían vida propia, en que la vida era un juego. Y no era extraño que las aulas y el juego se confundieran en un mismo lugar, que entre el juego y el aula solo hubiera una valla.




   
Claro, que ésta estratégica situación propiciaba otra  más extraña, como es, que desde la ventana del aula el profesor pusiera fin a la diversión proclamando a gritos el inicio de la clase.
  
   Hubo una época en que existía un rió, un instituto al lado del río,  una perfecta comunión entre profesores y alumnos, y un juego. Y a éste se jugaba compitiendo, compartiendo, rozándose, agarrándose, sobre todo agarrándose.

   Y consistía en perpetuar uno de esos esparcimientos de niños, en insistir en seguir jugando a los 13 ó 14 años a lo de siempre, a lo que tan buenos ratos nos había proporcionado anteriormente en la calles del barrio. En seguir abrazándonos nostálgicamente a un “pillao” que no queríamos perder, a una niñez que no queríamos que se fuera.

   Y en esa época ese milagro se podía conseguir, sólo hacía falta imaginación, y de eso sobraba. Hoy en día todo va muy deprisa.

  El juego era el pillao, el lugar el río, y éste consistía en situarse a un lado del margen del río, el que debía pillar, y al otro lado todos los demás, y el juego comenzaba. Ya no había tregua, ni piedad, pero sí mucha educación y compañerismo.

   Y eso, que dicha diversión no estaba exenta de peligro, pues cuando el que debía pillar saltaba hacía el margen donde estaban los demás para pillarles, todos en bandada saltaban hacía el otro lado huyendo despavoridos. Cada cual por donde bien podía y como podía. Unos detrás de otros, e incluso encima de los otros. Los más rápidos, por los sitios más estrechos, más lamidos por el continuo saltar de un día tras otro, o sea más cómodo y más seguro. Otros por donde les dejaban.

   De esta forma el ir y venir de un lado a otro, huyendo del que debía pillarnos, cada vez se tornaba más vertiginoso y caótico,  lo cual provocaba que tarde o temprano alguien resbalara, tropezara con el ribazo o con otro compañero, o simplemente midiera mal la distancia y cayera al agua.

   Pero lo que solía suceder a menudo, es que el objeto del juego, que no era otro que pillar, agarrar a alguien para que ocupara tu lugar, sucedía en el peor sitio y momento, o sea, cuando estabas a medio saltar, en el aire, y abajo el río, el agua, con el consiguiente baño desde la cintura hasta los píes, ropas chorreando y una espesa sensación de amenaza al llegar a casa.

   Eso si, antes he comentado que sobre todo imperaba la educación y el compañerismo, y así era, os lo puedo asegurar.

   Si alguien caía al agua, si alguno metía un píe, los dos píes, o hasta la cintura, todos se paraban un momento, se producía un contenido silencio y como un entrañable ritual, alguien preguntaba muy serio “¿Podemos reírnos?”, y en una exhibición de autocontrol, el que había caído en desgracia, contestaba: “si, podéis reíros”  y a partir de ese momento había revolcones, mandíbulas desencajadas y dolor de barriga producidos por la risa, mientras el caído escurría sus zapatillas, calcetines y bajos del pantalón.

   Otras veces la caída era de mayor calado, y nunca mejor dicho, y había que escurrir, además de lo anterior, el pantalón completo, los calzoncillos y parte del jersey, y entonces, en ese caso, la actitud de todo el grupo era unánime e indiscutible,  todos se ponían manos a la obra porque el objetivo principal era procurarse de lo necesario para hacer una hoguera donde poder secar la ropa y a la vez calentarse, intentando evitar así un altercado mayor al llegar a casa. Como esto a veces era difícil, sobretodo por las inclemencias del tiempo de entonces, en esos casos siempre se podía conseguir un aula y un par de estufas para secar las distintas piezas de ropa, que se ponían encima de mesas y sillas frente a la estufa, y todo ello, a veces con la complicidad de profesores y conserje.

   Hubo una época en que los padres veían atónitos, sin entender nada, como sus hijos entraban en casa, y en algunas ocasiones hasta por dos veces seguidas, medio día y tarde, con los zapatos y los bajos del pantalón mojados y nunca supieron porqué.

   Pero ninguno vio a su hijo con el pantalón completo mojado y mitad del jersey, porque para eso existía el “Espíritu del río” y la hoguera.

   Es más, algunos padres se mostraban sorprendidos por lo cuidadosos que eran sus hijos con la ropa, parecía que los pantalones eran nuevos. Y así era, eran totalmente nuevos, pues la hoguera a menudo tiraba de más, entonces había derrama para comprar unos nuevos.

  Hubo una época en que había un río, hoy se lo ha comido el cemento. También  un instituto, hoy hay tres. Y hubo una época en que existían unos críos que jugaban en la calle y que hoy a su manera siguen jugando, pues tienen un recuerdo muy vivo y un espíritu  que a veces aviva ese recuerdo, que es el “Espíritu del río”.

   Un abrazo a todo ese grupo de críos, y una pregunta: ¿Podemos reírnos?

martes, 26 de marzo de 2013

EN BUSCA DE UNA BUENA INTEGRACIÓN









“No hay una lucha más ardua y desesperada que mi plena integración, inducida por tu apatía, desidia o dejadez”


Es lo que más deseamos y por lo que algunos trabajamos día a día, integración plena, a nivel personal, social y laboral. Nuestro objetivo es que ese niño llegue a ser un adulto bien adaptado, de acuerdo a sus posibilidades de entrenamiento y aprendizaje y para ello debemos de desarrollar su Capacidad de adaptación.
Hay dos conceptos para mí fundamentales para trabajar en este sector de la discapacidad intelectual, los cuales son imprescindibles para lograr la integración, estos son la Inteligencia Emocional y la Capacidad de Adaptación.
      La  adaptación, porque integración y adaptación son dos palabras que van muy     unidas, incluso se complementan la una a la otra.
                 
                “Una persona llega a integrarse como consecuencia
                 de la adaptación, pero a su vez para poder adaptarse,
                 primero se debe integrar, unir a otros.”

El otro concepto, que para mí fue tremendamente esperanzador, es el término de Inteligencia emocional, término que ha desbancado a la tradicional forma de entender la inteligencia.
      La  Inteligencia Emocional, es un conjunto de habilidades, que como cualquier otra
      Habilidad se aprende.       
Esperanzador, se puede aprender. Como en otros casos de conductas inadaptadas, miedos aprendidos, respuestas aprendidas, costumbres, etc. que igualmente se pueden desaprender o eliminar y por el contrario, aprender otras conductas más adaptativas y enriquecedoras. El antiguo concepto (C I) ó Coeficiente intelectual, podría decirse que cerraba todas las puertas del éxito a la persona discapacitada intelectual, simplemente lo excluía, sin darle ni una sola oportunidad. Esa persona no tenía posibilidades de desarrollarse personal, social, ni laboralmente.
     
Sin embargo, éste nuevo concepto, que insisto, se puede aprender y desarrollar, vuelve a abrirle esas puertas de par en par. Todos conocemos del entusiasmo, de la perseverancia, de la capacidad de auto motivación, de la empatía, del altruismo, y en definitiva de su buen carácter en lo que se refiere a ausencia de emociones negativas, como la ira, venganza, envidia, etc. y es fácil reconocer en ellos, la humildad, la felicidad, bondad, la lealtad y muchas otras que les hace que sean personas superdotadas emocionalmente, mientras es común observar a otras personas, que se suponen inteligentes, bien situadas, con un gran currículo, cultas, ser incapaces de relacionarse o de controlarse en determinadas situaciones, o de mantener un equilibrio emocional medianamente estable, estos  son  claramente discapacitados emocionales, que a pesar de toda su inteligencia fracasan en la vida y no llegan a conseguir  ser felices.

¿Quien de nosotros, privilegiados trabajadores de éste sector, no conoce usuarios de nuestras asociaciones más inteligentes emocionalmente que nosotros mismos?
            



 “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
                    Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado
               exacto, en el momento oportuno, con el propósitojusto
                   y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan 
                     sencillo. “          Aristóteles.

Sinceramente creo que eso que dice Aristóteles es lo que debemos esforzarnos en enseñar en  nuestros centros, “hacer lo adecuado en el momento adecuado” y ese es un trabajo de campo, complicado de enseñar en las aulas o talleres, el escenario debe ser fuera.
Es un trabajo, también, que debe ser personalizado, adaptado al nivel de cada persona, mientras que a uno está orientado a tomarse un batido o una cerveza sin alcohol reposadamente, sin prisas, en la barra de un Púb., a otro, consiste en dar un beso adecuadamente, cuando la ocasión lo exige, no indiscriminadamente, sino de soslayo, no de frente como una lapa. Esto no es coartar su desmedida capacidad afectiva, sino controlarla y dosificarla, comer la cantidad adecuada y a un ritmo adecuado, hacerlo correctamente, corregir y evitar conductas infantiles, vestir correctamente y mantener una higiene adecuada.
Esto, en realidad no es tan difícil y si es muy práctico y adaptativo.
Siempre los buenos hábitos y los buenos modales van unidos a una mayor adaptación.
Este objetivo es totalmente imprescindible que arranque y continúe apoyando la labor de los profesionales desde la casa, que en el mayor de los casos es el foco de estas conductas inadaptadas por una educación excesivamente protectora mal entendida. Por esto y como en todas las actuaciones en este sector, aunque muchas veces se nos olvida, el tratamiento debe abarcar a toda la familia.         

jueves, 21 de febrero de 2013

ESA OTRA VOZ




                                                           

A veces a solas resuena mi voz, unas veces limpia, otras veces ronca, dura e inflexible. Es una conversación en una sola dirección, sin respuestas y hasta sin sentido. En ocasiones perversa y casi siempre, despiadada y traicionera.
Voz que resuena en mis adentros con una cadencia pertinaz, como un eco triste y desmoralizador.
A veces imploro una mente muda, capaz de callar cuando estoy a solas, desnudo y desesperado, que tenga piedad y respete mis silencios, mis momentos de duda, mi ánimo herido.
Oigo mi voz pero no la reconozco, no comprendo su ataque feroz. Me duele su ingratitud, su forma descarnada de inmolarse, de revolverse contra si misma infectando aquellas heridas que de por sí ya duelen y en esos momentos en que más indefenso estas, momentos en que tu cuerpo cruza el desierto y tu mente queda despoblada, excepto de tu voz.

martes, 5 de febrero de 2013

LA PERSONALIDAD






                                                      

El mayor error del mundo es pensar que nada podemos hacer, que todo está predeterminado. Genéticamente impuesto, que no tenemos posibilidad de cambiar, de mejorar. Lo que es lo mismo que pensar que no podemos hacer nada ante la “ etiqueta” de niño nervioso, inquieto, malo, hiperactivo, que últimamente tanto se utiliza camuflando otros problemas o trastornos de conducta provocados por la ausencia de unas normas o patrones de conducta adecuados y adaptativos. O pensar y empeñarnos en que cualquier trauma del pasado, además de habernos afectado directamente en el pasado, también tenga que condicionarnos el presente e hipotecarnos el futuro sin que  podamos hacer nada. Me parece totalmente injusto.
Igual de injusto que pensar que el concepto que tenemos de nuestra Personalidad vaya a ser constante, inamovible, como una losa para toda la vida.
Según afirma Daniel Goleman: “Hasta cierto punto, cada uno de nosotros posee un temperamento innato, se mueve dentro de un espectro concreto de emociones, una característica que forma parte del bagaje con el que nos ha dotado la lotería genética y cuyo peso se hace sentir a lo largo de la vida “.
Si, existe un temperamento innato y heredado que de alguna manera nos da una identidad propia a la vez que nos conecta con nuestras raíces, pero es el  espectro emocional básico para comenzar una larga andadura por la vida, cuyas experiencias irán verdaderamente conformando nuestra personalidad.
Parece como si la palabra personalidad pesara mucho, la respetáramos en exceso. Y caemos en el miedo al cambio, la dejadez, la inseguridad o la baja autoestima. Insistimos en no plantearnos o no sentirnos capaces de hacer frente a la realidad, a lo que está más claro que el agua. En definitiva a lo que sabemos desde siempre, pero nunca hemos querido aceptar y afrontar, nuestras debilidades o dudas sobre nuestra personalidad.
Y cegados por esa creencia e incapaces de admitir nuestra equivocación, seguimos pensando que no hay forma de cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás, de afrontar los problemas, de pensar de nosotros mismos. Eternizando de esta manera  un problema que tiene solución.

La personalidad se puede cambiar, es en realidad lo más maleable que existe, tanto como la propia estructura del cerebro, del cual depende. Y si las experiencias positivas o negativas han sido capaces a lo largo de la vida de moldearla en sus habilidades o defectos, con un entrenamiento y habilitación adecuados, porque no vamos a ser capaces de cambiar aquello que no nos gusta de nosotros, aquello que nos molesta y molesta a los demás, aquello que nos está impidiendo llevar una vida familiar, social o laboral correcta. En definitiva ser más felices y hacer más felices a los que nos rodean. Aunque para ello debemos primero saber en que queremos cambiar y sobretodo pensar y creer que es posible cambiar.  

jueves, 17 de enero de 2013

UNA EPOCA DIFICIL





Sentir dolor..... no es nada, es efímero y pasa. Ser dolor........ es infinitamente peor, pues se queda contigo.


                                                         
Es cierto que hay una época en que los niños son especialmente críticos, crueles y poco empáticos con sus iguales, o sea, con otros niños. Una primera, en que dicha crueldad es casi inconsciente, automática, ingenua y más producto del momento y la situación, y sobre todo,  más generalizada, en cuanto a las víctimas de dicha crueldad, menos focalizada en unas personas o niños en particular. Supongo que así es más llevadera.

Pero existe otra época a continuación, que podríamos determinar de los 10 a los 15 ó 16 años, en la que esa crueldad está ya mas influenciada por estereotipos culturales adquiridos en la televisión, sobretodo en lo que se refiere a pautas de hombre duro, frío y sin sentimientos, que se van incorporando gradualmente a nuestro repertorio  de conducta y que más tarde las ponemos a prueba y las exhibimos en la calle con nuestro grupo de amistades, cuando más espectadores hay, y con una víctima propiciatoria, que siempre existen en todos los grupos que se precien. Y ahora, la crueldad ya no es generalizada, ahora se centraliza en una o dos personas que sistemáticamente van siendo martirizadas, casi a diario, ante la mirada cómplice de unos y la sonrisa burlona de otros.

Existe una legión de personas en el mundo que han sido víctimas de la crueldad, la burla, el desaire, el desprecio y el rechazo, por parte de los que en esa época eran para él lo más importante de su vida, por encima de sus padres y familia, los amigos. Posiblemente el soporte más importante que pone las bases a una futura buena autoestima. Hay que tener en cuenta que la autoestima es como si dijéramos la consecuencia del autoconcepto, del concepto que tenemos de nosotros mismos y éste concepto de nosotros mismos se destila de la experiencia, de nuestras experiencias en las relaciones con los amigos, entre otras, y del concepto que creemos que los demás tienen de nosotros: si somos respetados, valorados, tenidos en cuenta, si cuenta nuestra opinión dentro del grupo, si somos escuchados, si se nos echa en falta o se nos ríen las gracias. Todo ello es muy importante a esa edad, más de lo que nos pensamos. Y eso es lo que le ha faltado a esa legión de personas huérfanas de amigos, de afecto y de comprensión, víctimas de esa crueldad temporal.
Pero lo que yo me pregunto, sobre todo, es,  qué es de ellos después, de los 18 años en adelante, de adultos. Que tipo de adultos son...
Pensemos sobre ello. Están los que al principio de la situación no pueden aguantarla y huyen, dan una conducta de evitación y se refugian en otras actividades, casi seguro que en solitario y de forma obsesiva, como queriendo refugiarse en esa actividad y olvidar.

También están los que a pesar de pasarlo mal, insisten una y otra vez, incapaces de coger el camino de la soledad, pues son personas muy sociables, quizás dependientes, pero no pueden darse en retirada, necesitan del grupo, de los amigos; estos, para él, son lo mas importante, algo a lo que no están dispuestos a renunciar y para ello aguantarán lo que sea necesario. Estos lo suelen pasar mal, esa etapa se convierte en un calvario plagado de rechazos, insultos, burlas, desprecios, golpes y bromas de mal gusto.  En definitiva lo que se podría llamar maltrato  físico y psicológico en toda regla.

Y de este segundo grupo, por fin, estarían los que esta situación sostenida, más tarde, le deja secuelas a  nivel psicológico que no llegan a superar, ni olvidar, condicionando toda su vida y marcando un antes y un después en sus relaciones sociales.
 Esos recuerdos y esas experiencias están siempre presentes, siempre son tenidas en cuenta e inundan su vida y sus relaciones sociales de miedo, de indefensión y de sensación de vulnerabilidad que es difícil de superar, creando en la mayoría de las veces una rabia contenida y un enfermizo deseo de venganza.

Pero hay otros que llegan a superarlo, que son los menos. Que aguantan estoicamente esa etapa, se lamen después las heridas durante un tiempo y vuelven como si nada hubiera pasado. Y si pensamos que la procesión va por dentro, sinceramente, muy buenos actores deben ser para disimularlo tan bien.

Más bien, pienso que es una virtud, una capacidad admirable para superar traumas, derivada sin duda de recursos cognitivos personales que filtran la experiencia quedándose con lo positivo y que caracterizan una forma de interpretar esa realidad de forma diferente a los otros, mucho más positiva y adaptativa, que continua, aún habiendo acabado la etapa de estrés, como método de curar y cerrar heridas emocionales.

Pues bien, a toda esa legión de tímidos, gordos,feos, empollones y maltratados en general, les animo a luchar por su sitio en el grupo, a no dar conductas de evitación que lo único que consiguen es mantener y eternizar el problema y si no hay otra opción, a lamerse las heridas para que cicatricen lo antes posible.
Y, en último caso, les recomiendo  acudir cuanto antes a un Psicólogo.


Y por ultimo, a los que han logrado sobrevivir y superarse, mi más sincera admiración y respeto.